La brecha de habilidades es uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento de América Latina y el Caribe.
9 de cada 10 empresarios, en países como Argentina, Brasil y Chile, no encuentran trabajadores con las competencias que necesitan para producir competitivamente. Y no es que falte mano de obra, porque en la región hay 22 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NiNis). Muchas veces, los empleos, existen, pero no hay trabajadores preparados para ser productivos.

En la región, una de cada cuatro personas de 15 a 24 años es NiNi.

El empleo en Latinoamérica parece un rompecabezas en el que las piezas no encajan: a un lado están las habilidades de los trabajadores y a otro lado,  las necesidades del sector productivo. Y, mientras tanto, la productividad de la región es mucho menor que los países con un nivel de desarrollo comparable.

¿Cuáles son los efectos de la brecha de habilidades?

miguel_juventud_y_empleo_VertEn el sector productivo:

  • Las empresas se ven limitadas para innovar y mejorar sus procesos, y eso repercute en su productividad
  • Las empresas tienen que importar talento: un tercio de las vacantes más cualificadas se cubren con trabajadores extranjeros
  • Y cuesta atraer inversiones extranjeras: para más de la mitad de los inversores internacionales, el bajo nivel de las habilidades de la fuerza laboral es la barrera más importante para invertir en la región

Entre los trabajadores, los jóvenes son los más perjudicados:

  • La tasa de desempleo juvenil casi triplica la de los adultos de 25 a 64 años
  • 2 de cada 3 jóvenes que trabajan tienen un empleo precario
  • Y La precariedad de la situación laboral es una de las causas de marginalización social y de adopción de comportamientos de riesgo como la violencia y la criminalidad


La solución es invertir más y mejor


Los Gobiernos de América Latina invierten en educación porcentajes muy similares a países de la OCDE como Alemania, Francia o Suecia, e incluso más que países como Bélgica, Suiza o Suecia. Sin embargo, la región está en la cola en los resultados académicos según las pruebas PISA.

Los 8 países latinoamericanos que participan en las pruebas PISA quedan entre los 20 con peores resultados, de un total de 65 países.

Según la OCDE, el 48% de los estudiantes de la región que acceden al mercado laboral tienen dificultades para comprender un texto básico y el 62% no puede realizar cálculos numéricos básicos. Actualmente, los sistemas de formación para el trabajo no consiguen subsanar las debilidades del sistema educativo. Por eso es importante invertir más y mejor en formación para el trabajo, para complementar lo aprendido en la escuela con lo que requieren las empresas.

 


TransFormando la Formación


videoBOA6Para mejorar la empleabilidad de los trabajadores de América Latina y el Caribe necesitamos nuevos sistemas de formación para el trabajo, adecuados a las necesidades del sector productivo.

Para conseguirlo es imprescindible una implicación activa del sector privado: de las empresas, sindicatos y colegios profesionales, que deben trabajar conjuntamente con las instituciones públicas. Para ser competitivos en una nueva economía, los modelos tradicionales de formación, con planes de estudio rígidos y uniformes, deben substituirse con mecanismos de retroalimentación continua entre empleadores y sector formativo, por ejemplo con programas que combinan la instrucción en el aula con prácticas en empresas, o haciendo directamente capacitación en planta. Una formación para el trabajo de calidad está relacionada con mejores currículos educativos, profesores mejor preparados y arreglos institucionales adecuados. Además, se necesita una  constante revisión, monitoreo y evaluación de resultados para incorporar nuevas mejoras y contar con evidencia sobre las experiencias que funcionan.

Diversos estudios confirman que las habilidades –y no la cantidad de años pasados en las aulas– explican entre el 50 y el 65% de las diferencias en los ingresos laborales.

La calidad y la pertinencia de la formación para el trabajo son las piezas clave. Por eso, los países con sistemas educativos mejor ligados al mundo laboral obtienen mejores resultados en empleo juvenil. Sin duda, la educación técnica es más efectiva cuanto más se enfoca en las habilidades demandadas por el mercado, cuando se actualizan continuamente los currículos, y cuando se priorizan las ocupaciones o sectores en crecimiento.

El BID quiere ser parte de la solución

Cerrar la brecha de habilidades no es un reto exclusivo de nuestra región. Muchos países han buscado soluciones innovadoras y, en muchos casos, han conseguido excelentes resultados. Con el programa “TransFormación: habilidades para la productividad” el BID, junto con otros socios estratégicos internacionales, quiere compartir las mejores experiencias mundiales para aprender lo mejor de cada una. No se trata de copiar, sino que es preciso adaptar elementos exitosos de los modelos existentes a las necesidades y peculiaridades específicas de cada país. Por eso, el BID brinda su apoyo a los países con los estudios y el acompañamiento necesario para estos procesos de cambio.

Para la región, éste es un reto clave. Cuanto más se tarde en cerrar la brecha de habilidades, mayor será la distancia que nos separará de las economías más productivas y más atrás quedará la región. El desarrollo de nuestros países y dar más oportunidades de crecimiento para nuestra gente está en nuestras manos.

 

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